sábado, 19 de noviembre de 2011

Besos de papel


En el otro lado del mundo, donde las piedras cantan y las flores te cuentan sus secretos, me encontré una caja de cartón arrugada.  Al abrirla sólo encontré restos de papel manchado. Estuve a punto de tirarla. Sin embargo… en ese momento sopló una ráfaga de aire y algunos de esos papeles se desparramaron por el suelo. Cuando fui a recogerlos descubrí que aquello no eran manchas sino palabras, borrones que alguien había escrito tiempo atrás. Y observando más de cerca pude apreciar alguna lágrima estampada e incluso restos de carmín.

De repente empecé a soñar,  comencé a elevarme hasta llegar a la nube más alta, allí donde el tiempo huele a lavanda y las estrellas saben a menta. Allí, en el rincón favorito del viento, donde se esconde para pensar, me senté a escuchar. El viento me contó cuantas palabras se había llevado, las lágrimas que había arrancado y los cuadros que había pintado con las nubes… sólo por ella, sólo para ella.

A cambio, me pidió un favor, que hiciera un garabato. Algo que no se pudiera esconder, que no se pudiera borrar, que no se pudiera olvidar.

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